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jueves, 19 de julio de 2007

Chapter 10: La trama

- Pues espero que tu fidelidad resista en los momentos difíciles, porque el panorama es el siguiente - la tensión en el ambiente era palpable, pero parecía que Don Eberth estaba acostumbrado a este tipo de situaciones - : estamos montando un negocio en España y queremos que seas nuestro hombre de confianza. Quizás pienses que es demasiado precipitado teniendo en cuenta que nos acabamos de conocer, pero cambiarás de opinión cuando te diga que tu encuentro con... mi hija, no ha sido fruto de la casualidad, ni por supuesto ella es tan inocente como parece. Cuando luchas contra unos enemigos como los nuestros no vale la improvisación, todo tiene que estar calculado hasta el más mínimo detalle.

Supongo que ya se esperaba mi cara de estupefacción, porque no se inmutó a pesar de que estuve unos minutos con la boca abierta hasta que conseguí reaccionar.

- Un negocio....? Y pretendes que yo...? Lo de Carol no fue casualidad?

Me dejó balbucear un rato e hizo como si no se diese cuenta que le había tuteado, y a continuación me empezó a explicar paso a paso de qué iba toda la historia.

Volvió a hablar de la situación actual de Nicaragua, de cómo la alianza entre Alemán y Ortega tenía un trasfondo económico más que político (como siempre), y cómo detrás de todo ello estaba, también como siempre, la corrupción y el narcotráfico. Eran muchos los políticos nicaragüenses que habían vendido su alma al diablo (en este caso, a los narcos), y les debían tantos favores que estos últimos campaban a sus anchas por el país y por toda Centroamérica en general. El caso era que se había creado una organización clandestina para acabar con esta narcocracia, y por supuesto Don Eberth y James eran la punta de lanza de esta revolución. Después de varios estudios habían llegado a la conclusión de que el mayor problema de las drogas, sobre todo la cocacaína, era su carácter ilegal, ya que morían muchísimas más personas por el tráfico, la corrupción y la mala calidad que por una sobredosis. Además, los que morían por sobredosis estaban en Europa y en los Estados, y a Don Eberth esa gente le importaba bien poco. Él quería salvar a su pueblo. Vamos, que su idea no era otra que legalizar las drogas, y para ello ya había encontrado unos socios (socias, en este caso) nada más y nada menos que en España. En Barcelona.

Todo esto estaba muy bien, o no, pero yo todavía no entendía el papel que jugaba Carol y cómo podía ser que fuese ella quien me hubiese encontrado a mí y no al revés, como yo creía hasta hace un momento. Don Eberth me explicó entonces que Carolina no era en realidad su hija, era la hija de un gran amigo suyo que había sido secuestrado y asesinado por los narcos. A ella le habían quedado dos herencias familiares: unas gran fortuna en forma de propiedades inmobiliarias y una sed de venganza fuera de lo habitual. Me contó que llevaba unas semanas en el aeropuerto esperando a la persona adecuada para involucrarla en el proyecto, que se había fijado en mí, se había fiado al mirarme a los ojos, se había subido al mismo autobús que yo y había confiado en que me sentaría a su lado. Y la verdad es que le salió bien.

- Me gustaría subir a hablar con ella...

- Ahora mismo podrás ir - contestó Don Eberth -, pero antes debes tomar una decisión:


a) Mañana mismo te subes a un barco que se dirige a Barcelona.
b) Te quedas aquí en la base de operaciones de Granada como mi ayudante personal.
c) Te olvidas de todo y sigues con tu vida.


NOTA: El lector experto se habrá percatado del paralelismo con Matrix y la escena de la pastilla roja / pastilla azul. Pero ésta mola más, claro.

miércoles, 13 de junio de 2007

Chapter 9: Secretos

Por supuesto aquella era una oferta que no podía rechazar si no quería que Don Eberth me echase de su casa a las primeras de cambio y poner en peligro el buen rumbo que estaba cogiendo mi recién iniciada aventura nicaragüense:

- Nunca le digo que no a la última copa - aunque una cosa era con los colegas en un bar y otra muy distinta con el padre de Carol y su amigo americano en el caserío que tenían en Granada.
- Así me gusta, Ernesto, con las prioridades bien claras.
- Es un chico inteligente - añadió James con su acento de Iowa.

Lancé una mirada a Carol, que me la devolvió con una sonrisa apagada y un inaudible "buenas noches" antes de subir escaleras arriba. Me parece que la chica quería tema esta noche, pero tendrá que esperar a mañana...

- Don Eberth, antes de nada quiero darle las gracias por esta acogida tan formidable que me están...
- Bueno, bueno, chaval - me interrumpió con tono alegre -, no os pongás en plan español bien formado porque acá esas cosas no sirven para casi nada.
- Tenemos una proposición que hacerte.

Mi cara de sorpresa debió calar hondo en Don Eberth, porque dijo rápidamente:

- Esperá, James, que si no le damos un poco de background al niño se nos asustará antes de que empiece la acción.

¿La acción? Glups.

- OK, my friend, empieza por el principio si quieres, pero ya sabes que tenemos poco tiempo.
- Mirá Ernesto, lo que os voy a contar ahora es algo muy serio, no pensés que lo digo porque llevo unas copas de más, porque éste y yo hace tiempo que no nos atontamos por tomar un poco de ron, siempre que sea suficientemente añejo...

Su amago de sonrisa no debió hacerle mucha gracia al americano, que le espetó:

- Eberth, no te andes por las ramas.
- Está cheque, vos, disfrutad un poco más de la vida, James... - y dirigiéndose a mí añadió - aunque este gringo tiene razón, Ernesto, vayamos al grano.
- Sí, sí, por supuesto - yo no sabía qué cara poner.
- Como sabrás, la situación política de nuestro país no es buena. Es decir, sería buena si fueses un delincuente o un mamarracho, pero entiendo que mi Carol tiene buen ojo para los chicos y no habría traído a gente de esta guisa a nuestra casa.

- Intento ser honrado, Don Eberth, aunque hoy en día sean más rentables las malas artes, tanto aquí como en España, yo intento ser fiel a mis valores.
- Pues espero que sean unos buenos valores, y que tu fidelidad resista en los momentos más difíciles, porque el panorama es el siguiente:

a) Estamos preparando un golpe de Estado contra Ortega y necesitamos que te unas a nosotros.
b) Mi hija está embarazada de un cabronazo y necesito que te cases con ella y asumas la paternidad.
c) Estamos preparando un negocio en España y queremos que seas nuestro hombre de confianza.

jueves, 17 de mayo de 2007

Chapter 8: El Americano

- ... la transferencia... - Don Eberth se detuvo en seco cuando vio que aparecíamos por la puerta.
Al entrar en el comedor me sorprendió ver al padre de Carol conversando animadamente con un señor que tenía más pinta de gringo americano que de oriundo del lugar. También me llamó la atención que no estuviese su madre, quien según me explicaron luego se había retirado a su dormitorio porque no se encontraba bien.

- Ya está aquí la parejita! - Carol le lanzó una mirada amenazadora y juguetona (o eso creo yo), pero a su padre no pareció importarle demasiado - Supongo que os quedás a dormir, no...?
- Ernesto.
- Bonito, nombre sí señor, espero que seás digno de llevarlo - supongo que él estaba pensando en Ernesto "Che" Guevara, aunque yo no sé por qué me acordé en ese momento de Ernesto de Hannover.
- Se hace lo que se puede, Don Eberth.
Carol ya se había acercado al gringo para saludarle, parecía que no era la primera vez que se veían, y su padre me hizo una señal para que yo también me acercara.
- Mira Ernesto, te presento a James, un amigo de los Estados.
- Nice to meet you, Sir - dije dirigiéndome al americano y ofreciéndole mi mano.
- Nice to meet you too, kid, pero podés hablarme en español - hablaba nuestro idioma igual de bien que el suyo, aunque ese acento entre inglés y nicaragüense se me hacía divertido -, pues ya hace años que me muevo por estas tierras.
- ¿Quieren ustedes cenar con nosotros entonces? - preguntó su padre.
- Será un placer, por su puesto - la mirada fulminante de Carol llegó demasiado tarde, entonces ya vi que James no era santo de su devoción.
- Pues siéntense, vamos, antes de que se enfríe. Bueno, cuéntanos algo: de dónde vienes, a qué te dedicas...
- Papá, no le hagás un interrogatorio que el pobre se va a asustar.
- Déjale niña, que responda las preguntas de tu padre, así podremos comprobar si te merece - me hizo gracia que Don Eberth me preguntase algo y respondieran antes los otros dos comensales que yo. Además a Carol, cuyo instinto protector hacia mí me había conmovido, no le había hecho ni pizca de gracia el comentario del invitado del norte.
Estuvimos buena parte de la cena hablando de mi vida y de mi familia, a continuación pasamos a España y los estereotipos de los españoles y finalmente a las contadas virtudes y múltiples defectos de Zapatero y otros "ilustres" de la política nacional.
Carol, que no había participado mucho en la conversación salvo cuando me tocaba hablar de mi familia y mi trabajo de consultor, dijo a la vez que intentaba disimular un bostezo sin conseguirlo:
- Yo empiezo a estar bastante cansada, creo que voy a subir a la habitación.
- Y tú, Ernesto, ¿le digo a la niña que te lleve a tu cuarto o te quedas a tomar una copa con el suegro? - Una copa dice, si para él ya sería la quinta por lo menos... la verdad es que estaban los dos mayores un poco borrachos, y con su pregunta me había puesto entre la espada y la pared:

a) Creo que yo también me iré a la cama.
b) Nunca le digo que no a la última copa.
c) Me parece que es mejor que vaya a buscar algún albergue en la ciudad.

martes, 8 de mayo de 2007

Chapter VII: Don Eberth

- Claro, sería lindo que vengáis a cenar a mi casa. ¿Como os va esta misma noche?

- Pues la verdad es que muy bien, porque no tenía pensado qué hacer al llegar a Granada y ya se está haciendo tarde.

- Podéis estar tranquilo porque aquí no es peligroso como en Managua, la gente es muy tranquila...

Hablando sobre cosas más o menos triviales de Nicaragua, el autobús llegó a su destino y, para mi sorpresa, un chófer nos esperaba para llevarnos a su casa. Lógicamente, sólo la esperaba a ella, pero yo también subí al coche después de que Carol le explicase al tal Raúl Gonzalez (fatídico nombre) que yo era un amigo español que acababa de conocer. Al tal Raúl no le hizo mucha gracia, pero encendió el Renault R-8 del año de la pera y manejó (como dicen aquí) hasta su casa.

Cuando llegamos, mientras Carol cogía las cosas que había comprado en el mercado y yo sacaba la mochila del maletero, el chófer dijo:

- Voy a avisar a Don Eberth de que han llegado.

¿Don Eberth?

- ¿Don Eberth es tu padre?

- Sí, he he - sonrisa, ojos verdes - en la casa todo el mundo le respeta mucho.

- ¿Y yo cómo tengo que llamarle?

- ¿Cómo dices?

- Hombre, supongo que yo no voy a llamarle Don Eberth...

- ¿Por qué...?

En ese momento salía su padre al jardín por la puerta principal.

- Así que tú eres el nuevo amigo de mi hija... - la frase puede parecer un poco chunga, pero no lo dijo en plan suegro protector, de hecho Carol había heredado la sonrisa de su padre. Aunque el bigote del padre le hacía un poco menos sexy...

- Es un honor conocerle, Don Eberth - al darle la mano me fijé que tenía una pequeña cicatriz en la ceja izquierda, y debía ser reciente porque Carol le dijo:

- Papito, ¿qué os pasó en la ceja? - tampoco había para tanto, pero se le veía preocupada.

- Ah, eso... no es nada, cariño, ahorita cuando estaba ordenando mi despacho me di un golpe con uno de los libros: Marx sigue pegando fuerte aunque esté muerto, he he. Tu papito cada día está más torpe...

Ya, al igual. Puso la misma cara que mi jefe cuando no me quería dar una información confidencial de nuestros clientes. Su padre empezó a caminar hacia dentro de la casa, y yo aproveché para pedirle a Carol si me dejaba escribir un mensaje con su móvil. He hecho bien en no traérmelo, pero al entrar en la casa me di cuenta de que mi madre debía estar muy preocupada:

"mama!stoy n Granada(Nicaragua),todo n orden.hoy ceno n casa d 1familia rica d aqi,m hehecho amigo d lahija.no t preocups,stoy feliz.besos"

message sent

Después de dejar la mochila en el recibidor y de saludar a la cocinera (gorda y negra, tal como me había imaginado), fuimos al comedor, y allí, sentados a la mesa, estaban:

a) Don Eberth, la madre y la hermana.
b) Don Eberth, la madre, otro matrimonio, 2 niñas y 2 niños.
c) Don Eberth y un tipo con pinta de americano.

miércoles, 25 de abril de 2007

Chapter VI: Política

- ¿Se dedicaba a la política? Suena interesante.

- La verdad es que a papá nunca le ha gustado hablar de esas cosas en casa... yo sólo sé que él era de los buenos.

Sonrisa picarona al canto y yo con cara de "estoy al día en política internacional" cuando en realidad no tenía ni papa de quiénes debían ser los buenos y quiénes los malos. Aunque supongo que eso depende del punto de vista, así que le solté:

- ¿Y para ti quiénes son los buenos?

- ¿Vos qué creés?

Joder con las mujeres, son todas iguales, da igual de qué lado del charco estén.

- Lo poco que sé de política nicaragüense es que están los de la derecha, los de más a la derecha y los ex-comunistas, ¿no?

- Más o menos.

- Y como una de las cosas que aprendí en China fue el equilibrio y la armonía del taoísmo (en España somos más prosaicos y le llamamos "la virtud del término medio"), me aventuraría a decir que los buenos son los del centro-derecha. ¿Tú piensas lo mismo o me girarás la cara durante el resto del trayecto?

Su sonrisa le volvió a delatar antes de decir:

- Mi papá les llama Demócratas, pero digamos que podemos seguir conversando. No sé si te enteraste, pero ahora vuelve a gobernar el pato de Ortega, y dice mi papá que nos hará retroceder en nuestro desarrollo 20 años al menos...

¿El pato de Ortega? Para que luego digan que hablamos el mismo idioma.

- ¿Y por qué le votasteis?

Como se entere que no sé si este tal Ortega es el de derechas o el de izquierdas...

- La gente está cansada de la corrupción y se aferran al ideal sandinista, pero esa época ya pasó. Ahora cada uno mira por lo suyo, ¿sabés? Y aunque quizás hace unas décadas los hermanos Ortega hicieron algo por mi país, ahora sólo miran por sus dólares, unos dólares ganados a costa del pueblo... - el verde de sus ojos se encendía al sacar estos temas, seguramente lo ha heredado de su padre, que por lo que parece ha estado metido en estos fregados - ... y encima ahora se alían con el Alemán, que si está en la cárcel será por algo, y tratan de tontos a los nicaragüenses.

- ¿Y tu padre por qué no sigue luchando?

- Mi papá siempre seguirá luchando, eso que quede claro - me puso mala cara, y en ese momento comprendí que más me valía tenerla a buenas por el resto de mis días - pero con Ortega y Alemán conchavados en el poder, poco puede hacer la gente de bien para sacar el país adelante. Los demócratas se están diluyendo, así que mi padre ha preferido la tranquilidad de Granada antes que quedarse en Managua perseguido por la izquierda y la derecha.

Si lo había entendido bien, los sandinistas (ex-comunistas) habían llegado al poder gracias a la extrema derecha liderada por un tal Alemán (o al menos con su connivencia), y así habían apartado de la escena política a los autodenominados "demócratas", que parecían la gente más moderada y donde estaba metido su padre.

Pero era el momento de dejar de lado estos temas tan complicados y lanzar un ataque frontal para no perder a Carol de vista cuando llegase el autobús. Además por la ventana ya había pasado mucho bosque frondoso y algún que otro volcán, y nos habían adelantado unos cuantos camiones invadiendo el carril contrario y arriesgando así tanto su propia vida como la nuestra. Vamos, que no podía faltar mucho para llegar.

- Ya veo... tu padre debe ser alguien admirable, con todo lo que explicas me encantaría conocerle.

Al oírlo se quedó sorprendida, pero creo que no le pareció mala idea:


a) Claro, sería lindo que vengáis a cenar a mi casa.

b) Mejor nos vemos esta noche en el Bosque Santo, es el pub al que va la gente joven.

c) Ahora mismo no sé qué decirte, ya te llamaré.


martes, 17 de abril de 2007

Chapter V: Carol

- ¿Perdona, vas a Granada?
La chica se giró como si hasta ese momento no se hubiese percatado de mi presencia, y eso que estaba sentado justo a su lado en un autobús lleno de gente. Y eso que yo llevaba rato observándola. A través del cristal e intentando disimular, pero observándola al fin y al cabo.
- Sí, me dirijo a Granada - dijo con esa voz tan dulce y divertida de los nicaragüenses. Es curioso porque en cada país latinoamericano tienen su propio acento, incluso entre los pequeños países de centroamérica hay grandes diferencias y, aunque no sea tan fácil imitarlas como a un argentino o a un mejicano, tienen unos matices muy interesantes. Vamos, que con la primera frase ya me tenía enamorado.
Yo me quedé sin saber mucho que decir, y ella me miró pensando "qué pesado este gringo", pero con toda la condescendencia del mundo y a pesar de que se le notaba que hacía un gran esfuerzo por seguir con la conversación, me dijo:
- Y vos, también vas a Granada?
Podría haberme enfadado, por aquello de que parecía que hiciese un esfuerzo sobrehumano por dirigirme la palabra, pero sus ojos verdes se ganaron mi perdón, así que le contesté:
- S-Sí. Pero es la primera vez que voy para allá.
- Apostaría que es también la primera vez que venís a Nicaragüa, se os ve más perdido que un catracho! - dijo sonriendo.
Parecía que la chica se animaba, y yo sonreí a pesar de no tener ni idea de lo que significaba un catracho... aunque por el contexto, nada bueno.
- Pues sí, la verdad es que he llegado hoy mismo de España, de Barcelona.
- ¿En serio? ¿Y que andás buscando por aquí?
Que qué voy buscando me pregunta... pues eso quisiera saber yo... pero si me ponía a explicarle mis dilemas existenciales la aburriría demasiado, así que cambié de tercio.
- Me ando buscando a mí mismo, jeje - a veces una verdad a tiempo acompañada de una risita te permite salir del paso -, y tú, qué vas a buscar a Granada?
- Yo no busco nada, vivo allí con mi familia.
Así que estaba casada, mala suerte.
- ¿Y es muy grande la ciudad? Me han dicho que es muy bonita...
- Depende con qué se la compare, al lado de Managua es bien chiquita, y supongo que al lado de donde sois vos también. A mí me costó un poco al principio, pero la casa que se compró mi padre está muy linda, así que estoy contenta.
Así que vive con sus padres... eso quiere decir que vuelve a estar en el mercado.
- ¿Entonces os habéis trasladado aquí hace poco?
- Sí, nos movimos el año pasado, mi padre decía que quería un cambio de aires. Fue un poco difícil dejar a los amigos, pero aquí estamos cheque.
Cheque? Querría decir "bien"...
- ¿Y a qué se dedica tu padre?
- Ahora trabaja en una escuela, antes...

a) ... antes era profesor en la UCA.
b) ... antes estaba metido en política.
c) ... antes, trabajaba en la embajada española.

- Perdona, que todavía no te he preguntado como te llamas...
- Mi nombre es Carolina, pero todos me llaman Carol. ¿Y el suyo? - esta vez parecía realmente interesada en conocer la respuesta.

jueves, 12 de abril de 2007

Chapter IV: El Bus

Después de cambiar unos cuantos de mis euros por córdobas he ido a buscar un taxi, y allí he tenido el primer choque con la realidad nicaragüense. Resulta que aquí el tema de los taxímetros no lo tocan mucho, así que me ha tocado regatear el precio del trayecto antes de que el coche se pusiese en marcha. He acabado aceptando 250 córdobas, que si no voy equivocado son unos 10 euros, y le he dicho que me lleve a la central de autobuses, y allí hemos llegado después de 40 minutos de rally al estilo Carlos Sainz sasar derecha se abre.

Ha resultado que la mayoría de autobuses salen del mercado de la ciudad, al norte de Managua, así que me he dado una vuelta por las tiendecillas antes de emprender el viaje hacia mi próximo destino. Las cosas son realmente más baratas que en España, pero tampoco tanto más, así que mejor miro con cuidado cada euro (o córdoba) que me gasto... Había unas hamacas muy guapas y he estado a punto de comprarme una, pero mejor lo dejo para cuando esté instalado y sepa dónde voy a dormir.

Las líneas de autobuses más importantes van hacia el norte (León y compañía), hacia el este (la parte atlántica del país, con población negra, idioma inglés y mucho reggae) y hacia el sur (Rivas y San Juan del Sur). Esta última pasa por Granada, y he decidido que es allí adonde me dirijo. Un vestigio de los tiempos en los que los españoles recorríamos el mundo con la cruz y la espada, con una arquitectura preciosa y mucha gente que busca evadirse durante unos días del bullicio del mundo. O al menos eso me han contado.

Ahora mismo estoy sentado en el autobús escribiendo este diario, y a mi lado tengo a unos ojos verdes a una mujer pegados. Son los ojos más bonitos que he visto nunca, y de hecho llevo rato mirándolos por el reflejo de la ventana. La chica, o la mujer, pues no podría precisar si tiene 15 o 30 años, lleva dos bolsas con ropa y calzado que debe haber comprado en el mercado. Su vestido holgado hace adivinar unas curvas que ya le gustarían a Scarlett Johanson, y tiene un color menos tostado que la mayoría del resto de los viajeros. Tengo ganas de decirle algo, pero no sé por dónde empezar.

- Perdona, ¿te puedo hacer una pregunta?, es que acabo de llegar al país...

a) ¿Cómo lleváis la vuelta de Ortega al poder?
b) ¿Tú también vas a Granada?
c) ¿Aquí los españoles caemos mal?

martes, 3 de abril de 2007

Chapter III: Nicaragua querida

El viaje hasta Miami ha sido bastante soportable entre las pelis, las comidas y la lectura de Harry Potter. Sí, sí, me gustan las aventuras del joven mago británico. Lo normal sería que me avergonzase o incluso que ni lo comentase, pero qué le voy a hacer. Le encuentro un sentido filosófico-trascendental más allá de los hechizos y las escobas voladoras que sólo se encuentra en las grandes historias tipo El Señor de los Anillos o La Guerra de las Galaxias [Se abre el telón y se ve a Francisca que se acaba de electrocutar. ¿Título de la película? El amperio contra Paca].
Lo que decía es que este segundo avión que tiene que aterrizar en Managua de aquí un par de horas se me está haciendo eterno. No sé si es por el hecho de llevar todo el día en marcha o porque estoy impaciente por llegar, pero el hecho es que me estoy poniendo de los nervios por momentos. Estaba muy seguro de lo que hacía antes de salir de Barcelona, pero ahora no lo veo tan claro. ¿Qué coño – con perdón – se supone que voy a hacer en Nicaragua? Por suerte soy el segundo de tres hermanos y los psicólogos siempre dicen que los del medio somos los más espabilados. Espero que esto también tenga validez a este lado del charco…
¿Cómo debe ser Nicaragua? De hecho no conozco nada de Centroamérica más allá de la chica hondureña que trabaja en casa de mi abuela y el "¡Viva Honduras!" de Trillo al aterrizar en el aeropuerto de Guatemala. Por suerte hablarán español, pero espero que no tengan muchas palabras chungas tipo "pinche", "güey" y "chingada". Aunque esas son mejicanas ahora que pienso.
A ver, mantengamos la calma. Be shapeless, formless, be water my friend. Lo que está claro es que me tendré que buscar alguna ocupación o estaré de vuelta en casa en menos que canta un gallo. Aunque tampoco se mucho que hacer. Quizás sería mejor primero ir a conocer el país. O incluso ir a Honduras o Costa Rica o El Salvador y afincarme donde más me guste. O me busco una churri nicaragüense con pasta y vivo del cuento. El avión me confunde. Y cada vez queda menos para tener que tomar una decisión.

a) Busco un trabajo en Managua
b) Busco chicas en la noche nicaragüense
c) Busco un autobús de línea que me lleve a algún lugar interesante

miércoles, 28 de marzo de 2007

Chapter II: El Taxi

Mamá, hoy no vengo a comer. Ni tampoco a cenar ni a dormir. Sobre todo no te asustes, ya te llamaré cuando pueda.

Después de dejar esta nota cobarde en la mesa de la cocina, y sin hacer ruido para no despertar al resto, he cogido mi petate de mochilero y he bajado a la calle para coger un taxi. Espero que no se preocupe mucho, para compensar he dejado el cuarto ordenado. En la mochila me han cabido unos tejanos, pantalones piratas, un traje de baño, unas camisetas, una camisa por si se presenta la ocasión de tirar un poco la caña, algunas fotos, la cámara con el cargador para la batería, lo básico del neceser, este mi diario y poco más. Espero que sea suficiente para unos cuantos meses. Ah, y el móvil lo he dejado. ¡Primer gol a mi favor!

Lo peor será cuando en el curro vean que no aparezco. Tampoco es que tuviese nada super-urgente, pero supongo que se preguntarán por qué no voy a trabajar. O quizás no. Allá ellos.

Ahora estoy en el taxi intentando decidir qué billete compraré cuando llegue al Prat. Teniendo en cuenta que éste es un viaje de búsqueda, lo mejor será escoger un destino donde pueda encontrar cosas. Lo que tengo claro es que no será en Europa, a parte que ya la tengo bastante vista al final somos todos iguales, las mismas marcas, los mismos programas en la tele, los mismos i-pods y la misma obsesión por el fútbol. Obsesión que comparto, claro está. Si fuese a Asia me decantaría probablemente por China, un país que siempre me ha fascinado y que, por lo que dicen, está en plena ebullición, y estar en el meollo cuando algo grande se está cociendo siempre tiene su gracia. Si fuese a América escogería Nicaragua, allí donde se fraguó el sandinismo, la teología de la liberación... y con unas playas estupendas. Y si bajase hacia África iría al Chad, un país desconocido para muchos, uno de los más pobres del planeta, del que he oído hablar últimamente con todo esto de la crisis de Darfur, donde parece que han descubierto petróleo.

a) Rumbo a Beijing
b) Destino Managua
c) Volando a N'Djaména

domingo, 25 de marzo de 2007

Chapter I: Un tipo corriente

En efecto, ése soy yo. Un tipo corriente. Una carrera que no me sirve de nada, un trabajo que no me motiva, un rolllete diferente cada fin de semana y unos padres que me quieren echar de casa. Por suerte no todo está perdido. Os tengo a vosotros, ávidos lectores, para que le deis un vuelco a mi insulsa vida. Se acercan decisiones importantes, otras no tanto, pero para todas ellas os pediré vuestra opinión. Pero empecemos por el principio.

Estudié Económicas y desde hace un año y medio trabajo en una consultoría de cuyo nombre no quiero acordarme. Hasta hace unos días no me ha había planteado demasiado mi futuro, pero tanto activar mi cortex prefontal con la ayuda del Doctor Kawashima está haciendo mella en mi día a día. Mi jefe sólo vive por la empresa y se cree que el resto estamos igual de colgados que él. Pero algunos, el día que nos encontremos con la muerte cara a cara, no queremos arrepentirnos de haber pasado demasiado tiempo en la oficina. Aunque de momento, todo sea dicho, me paso el día en la octava planta de nuestro edificio en la Diagonal. ¿He dicho "nuestro"? Uf, otra muestra más de que me están comiendo la olla y necesito un cambio.

De mi vida senitmental, qué os voy a contar. De hecho vida sentimental no tengo, y la sexual depende del precio de las copas en la discoteca de turno. Porque eso sí, aunque me paguen bien en la empresa, cuando pretenden cobrarme más de 6 euros por un vodka-narnaja me sale de dentro el nacionalismo catalán más garrepa. Y sin subidón alcohólico no me atrevo nada. Qué triste by the way.

Estaréis pensando que mi vida es una mierda, y ahora que la veo resumida en esta hoja yo también lo pienso. Pero también os digo que algo está cambiando y que la vida puede ser maravillosa (Salinas!). Lo que está claro es que necesito una huída hacia adelante, un golpe de efecto, pero no sé mucho por dónde tirar. Se me ocurren las siguientes opciones:

a) Me piro del trabajo y monto mi propia empresa.
b) Me voy a una casa okupa y vivo del cuento mientras pueda, y luego ya veremos.
c) Meto cuatro cosas en una maleta y cojo un taxi al aeropuerto.